Saber cuándo referir a un cliente te hace mejor coach y te evita meterte en un terreno que no es el tuyo
Estás en la cuarta sesión con un cliente que llegó para “organizar su tiempo”. Hoy, en medio de la conversación, te cuenta que lleva meses sin dormir más de tres horas, que dejó de ver a sus amigos y que a veces piensa que todos estarían mejor sin él.
Se te acelera el corazón. ¿Sigues con la sesión? ¿Cambias de tema? ¿Le haces una pregunta poderosa?
Este es uno de los momentos que definen qué clase de profesional eres.
Tres oficios distintos
Vamos a decirlo sencillo. La terapia atiende el sufrimiento psicológico y los trastornos de salud mental, y la ejercen profesionales con licencia para eso. La mentoría transmite experiencia: alguien que ya recorrió el camino te dice cómo lo hizo. El coaching trabaja con personas que funcionan bien y quieren llegar a un lugar distinto, acompañándolas a pensar y a actuar.
En el papel se ve clarísimo. En la silla, no tanto, porque la gente no llega con etiqueta. Llega con su vida entera, y en la vida entera hay metas, heridas, duelos y sueños revueltos.
Las señales que te dicen que esto ya no es coaching
Presta atención cuando veas varias de estas juntas o alguna muy marcada.
El malestar lleva semanas y afecta lo básico: sueño, apetito, higiene, capacidad de trabajar. El cliente habla de desesperanza, de no verle sentido a nada, o menciona hacerse daño. Hay consumo de alcohol u otras sustancias que se le fue de las manos. Cuenta experiencias de abuso o violencia que siguen muy vivas. En cada sesión vuelve al mismo dolor del pasado y no logra mirar hacia adelante por más que lo intentes. O tú sales de las sesiones con la sensación de que estás sosteniendo algo que te queda grande.
Esa última cuenta. Tu incomodidad es un instrumento de trabajo. Hazle caso.
Si hay riesgo para la vida de la persona, el asunto deja de ser una decisión de estilo. Tu responsabilidad es asegurarte de que tenga contacto con ayuda profesional o con alguien de su confianza ese mismo día. Ten a mano desde ya los números de emergencia y de atención en crisis de tu ciudad. Es mala idea buscarlos por primera vez en medio del apuro.
Por qué a los coaches nos cuesta referir
Seamos honestos entre colegas. Cuesta por ego: “yo puedo con esto”. Cuesta por cariño: “me tiene confianza, no lo puedo abandonar”. Cuesta por bolsillo: es un cliente menos. Y cuesta por miedo a que la persona se ofenda.
Todas esas razones son humanas y ninguna sirve de justificación. Un coach que se pone a hacer de terapeuta sin serlo puede hacer daño con la mejor intención. Remueve cosas que no sabe cerrar. Y retrasa la ayuda que la persona necesita.
Cómo referir sin que se sienta rechazado
El miedo de todo coach es que el cliente oiga “estás demasiado mal para mí”. Se puede hacer de otra manera.
Nombra lo que ves, con cuidado: “Lo que me cuentas del sueño y del ánimo me importa, y creo que merece la atención de un profesional de salud mental. Eso está fuera de lo que yo sé hacer bien”.
Deja claro que no lo sueltas: “Si quieres, te ayudo a conseguir a alguien. Y cuando estés atendido, vemos si tiene sentido seguir con el coaching en paralelo para tus metas de trabajo”.
Y ten tu red armada antes de necesitarla. Dos o tres psicólogos y un psiquiatra de confianza a quienes puedas referir con nombre y teléfono. “Busca ayuda” es un consejo. “Llama a esta persona, ya le avisé que la vas a contactar” es un acompañamiento.
El otro límite: cuando te piden respuestas
También pasa al revés. Hay clientes que lo que quieren es que alguien con experiencia les diga qué hacer. Si tú tienes esa experiencia, puedes ofrecer mentoría, avisando que cambias de sombrero: “En este punto te puedo hablar desde mi experiencia como gerente, que es distinto a lo que venimos haciendo. ¿Te sirve?”. Si no la tienes, refiere también. Conocer a la persona adecuada y presentarla es un servicio enorme.
Ponlo en tu contrato
Lo más sano es hablar de esto desde la primera conversación. Explica qué es coaching, qué no es, y qué harás si aparece algo que requiera otro tipo de ayuda. Cuando el momento llegue, no habrá sorpresa, solo estarás cumpliendo lo que acordaron.
Conocer el borde de tu oficio no te hace menos coach. Un buen traumatólogo sabe cuándo llamar al cardiólogo, y nadie piensa que por eso sabe menos.
La ética del oficio es un tema que cuidamos mucho en Caracas Coaching y que conversamos abiertamente en nuestras redes. Si ejerces o te estás formando, te va a servir estar cerca.