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Autosabotaje: por qué frenas justo cuando estás por llegar

Dejas las cosas para última hora, abandonas cuando empieza a ir bien, peleas antes de la fecha importante. Una mirada directa al autosabotaje y a cómo desmontarlo.

Wladimir Berroterán · 22 de septiembre, 2026 · 4 min de lectura
Mujer pensativa mirando por una ventana urbana, reflexionando sobre el autosabotaje
En este artículoDeja de llamarlo flojeraLa pregunta incómoda: ¿qué ganas cuando fallas?Cómo se disfrazaUn ejercicio para desmontarloY después, un paso ridículamente pequeñoCuando pide ayuda
22 de septiembre, 2026 · 4 min de lectura
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Hay una parte de ti que gana algo cada vez que fallas, y vamos a buscarla

Tenías la entrevista de tu vida y la noche anterior te acostaste a las tres de la mañana viendo una serie. La relación iba mejor que nunca y armaste una pelea por una tontería.

Después viene la frase de siempre: “Es que yo soy mi peor enemigo”. Y con esa frase cierras el tema hasta la próxima vez.

Hoy no lo vamos a cerrar tan rápido.

Deja de llamarlo flojera

Lo primero que quiero que sueltes es la explicación de la disciplina. La gente que se sabotea suele ser disciplinada en un montón de áreas. Cumple en el trabajo y saca adelante a sus hijos. Y en una cosa específica, justo la que más le importa, se tranca.

Si fuera flojera, serías flojo en todo. Como solo fallas en lo que más te importa, lo que hay ahí es protección.

La pregunta incómoda: ¿qué ganas cuando fallas?

Ya sé que suena absurdo. Nadie quiere fallar. Pero acompáñame un momento.

Si llegas a la entrevista sin dormir y no te dan el puesto, te queda una explicación a la mano: “Es que no dormí”. Tu capacidad sigue intacta, nunca la pusiste a prueba de verdad. Si hubieras llegado descansado y preparado y aun así te hubieran dicho que no, el golpe iba directo a quien tú crees que eres. El sabotaje te compra una excusa por adelantado.

Hay otras ganancias escondidas. Si nunca terminas el proyecto, nadie lo puede criticar. Si dañas la relación antes de que se ponga seria, no te pueden dejar después. Si no creces en tu negocio, no tienes que lidiar con la envidia de tu familia ni con la culpa de ganar más que tu papá.

Esto último es más común de lo que crees. Hay gente que le tiene más miedo a que le vaya bien que a que le vaya mal, porque el fracaso ya lo conoce y el éxito le cambia el lugar que ocupa entre los suyos.

Cómo se disfraza

El autosabotaje casi nunca se presenta con su nombre. Llega vestido de perfeccionismo: “No lo entrego hasta que esté perfecto”, y no lo entregas nunca. Llega vestido de ocupación: llenas la agenda de cosas urgentes para no tocar la importante. Llega como generosidad: te dedicas a resolverle la vida a todo el mundo y la tuya queda para después. O como un cansancio repentino que aparece justo cuando te sientas a hacer eso que te importa.

Revisa cuál es tu disfraz favorito. Todos tenemos uno.

Un ejercicio para desmontarlo

Agarra papel y lápiz, que esto en la cabeza no funciona.

Escribe la meta que llevas tiempo saboteando. Debajo, completa esta frase cinco veces, sin pensarlo mucho: “Si esto me sale bien, lo malo sería que…”.

Las dos primeras respuestas van a ser de cortesía. Por la tercera o la cuarta empieza a salir la verdad. “Tendría que mantener ese nivel.” “Mi hermano se sentiría menos.” Ahí está el freno.

Cuando lo veas escrito, pregúntate si ese costo es real o es un miedo viejo que nunca revisaste. Muchos de esos miedos los armaste a los doce años y siguen mandando a los cuarenta.

Y después, un paso ridículamente pequeño

Con el freno a la vista, no te propongas un cambio heroico, porque esa es otra trampa: te pones una meta imposible para poder fallar con estilo. Proponte algo tan chiquito que dé pena no cumplirlo. Quince minutos diarios en el proyecto. Un correo enviado. Y cúmplelo una semana completa.

Lo que buscas con eso es evidencia. Cada vez que avanzas y no ocurre la catástrofe que temías, el miedo pierde un poco de autoridad.

Cuando pide ayuda

Si llevas años repitiendo el mismo patrón en lo mismo, con ejercicios y propósitos de año nuevo incluidos, es momento de trabajarlo acompañado. Hay frenos que uno solo no alcanza a ver, igual que no alcanzas a verte la espalda.

Aprendiste a protegerte de una manera que ya te sale muy cara. Toca aprender otra.

El autosabotaje es uno de los temas que más tratamos en las redes de Caracas Coaching. Si te reconociste en este texto, por allá vas a conseguir más material para seguir jalando ese hilo.

Wladimir Berroterán
Wladimir BerroteránCoach profesional · Director de Caracas Coaching

Coach profesional y director de Caracas Coaching, la academia que lleva más de 20 años formando coaches en Venezuela y Latinoamérica con aval internacional AICM. Acompaño a personas y equipos a entender lo que sienten, decidir con claridad y sostener lo que se proponen. Escribo aquí como hablo en sesión: sin humo y con herramientas que puedes usar hoy.

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