Tu cabeza lleva semanas ensayando desastres que quizás nunca ocurran, y tu cuerpo los sufre como si fueran de verdad
Tienes la reunión el jueves. Hoy es lunes y ya la viviste catorce veces en tu cabeza. En doce de esas versiones sale mal: te quedas en blanco, tu jefe frunce el ceño, te botan, no consigues trabajo, pierdes el apartamento. Todo eso lo resolvió tu mente mientras te cepillabas los dientes.
El jueves llega, la reunión dura veinte minutos y no pasa nada grave. Pero tú ya estás agotado, porque la sufriste catorce veces.
Por qué tu cabeza hace eso
Tu mente tiene una función de vigilancia que busca peligros por adelantado. En principio es una ventaja: gracias a eso llevas paraguas y tienes ahorros. El lío empieza cuando esa función se queda prendida todo el día y empieza a tratar cada posibilidad como si fuera un hecho.
Y el cuerpo no distingue bien entre un peligro real y uno imaginado con detalle. Cuando te imaginas la escena del desastre, se te acelera el corazón y se te aprieta el estómago igual que si estuviera ocurriendo. Por eso la ansiedad cansa tanto. Llevas semanas corriendo de un tigre que solo existe en tu cabeza.
Vivir en un contexto incierto lo empeora. Cuando has pasado años en los que los planes se caen de un día para otro, la mente aprende a estar en guardia. Esa guardia tuvo sentido. Revisa si lo sigue teniendo hoy, en todo, a toda hora.
La trampa: creer que preocuparte es prepararte
Mucha gente ansiosa defiende su preocupación: “Es que si no pienso en todo lo que puede salir mal, me agarra desprevenido”. Hay una creencia casi mágica de que preocuparse protege.
Distingamos. Prepararte es hacer algo: ensayar la presentación, tener un plan B. Tiene principio y final. Preocuparte es darle vueltas a lo mismo sin producir ninguna acción. No termina nunca y lo único que te deja es más cansado.
Una prueba sencilla: después de media hora pensando en el asunto, ¿tienes algún paso concreto anotado? Si lo tienes, te estabas preparando. Si no, estabas rumiando.
Qué hacer cuando la cabeza no para
Pásalo al papel. Los pensamientos ansiosos dentro de la cabeza dan vueltas en círculo y parecen infinitos. Escritos, suelen ser cuatro o cinco, repetidos. Anota qué es exactamente lo que temes que pase. Verlo en una hoja ya le quita volumen.
Separa en dos columnas. De un lado, lo que depende de ti. Del otro, lo que no. Para cada cosa de la primera columna, un paso concreto con fecha. Para la segunda columna, la parte difícil: reconocer que ahí no mandas. Buena parte de la ansiedad es el intento de controlar con la mente lo que no puedes controlar con las manos.
Lleva el escenario hasta el final. La mente ansiosa se detiene en la peor escena y la repite. Oblígala a seguir: “Ok, me quedo en blanco en la reunión. ¿Y después qué?”. “Pido un momento y sigo.” “¿Y si me botan?” “Busco trabajo, como ya lo hice antes.” Casi siempre descubres que al otro lado del desastre sigues tú, resolviendo, como has resuelto todo hasta ahora.
Ponle horario. Suena raro y funciona. Reserva quince minutos al día, siempre a la misma hora, para preocuparte a conciencia. Cuando aparezca un pensamiento ansioso fuera de ese horario, dile: “A las seis te atiendo”. Muchas veces, cuando llegan las seis, ya perdió fuerza.
Regresa al cuerpo. La ansiedad vive en el futuro y tu cuerpo solo puede estar en el presente. Siente los pies en el piso. Nombra cinco cosas que ves y cuatro que oyes. Bota el aire despacio, varias veces. No resuelve el problema, pero te devuelve a un lugar desde donde sí puedes pensar.
Cuándo esto pide otra ayuda
Si la ansiedad te impide trabajar o dormir, si tienes episodios en los que sientes que te vas a morir o a volverte loco, o si llevas meses así, busca a un profesional de salud mental. La ansiedad tiene tratamiento efectivo. Aguantarla a punta de voluntad es sufrir de gratis.
Antes de irte
Piensa en todo lo que te angustió el año pasado. ¿Cuánto de eso ocurrió? Y de lo que ocurrió, ¿cuánto pudiste manejar?
Guarda esa respuesta. La vas a necesitar el próximo lunes, cuando tu cabeza empiece otra vez a ensayar el jueves.
En las redes de Caracas Coaching compartimos con frecuencia recursos sencillos para estos momentos en que la cabeza se acelera. Si te sirven, por allá los consigues.