Si tu vocabulario emocional cabe en bien, mal y estresado, este artículo es para ti
Te preguntan cómo estás y dices “bien”. Te preguntan cómo te sentiste con lo que pasó y dices “mal”. Insisten un poco y sueltas la palabra comodín de esta época: “estresado”.
Con esas tres palabras pretendes describir todo lo que ocurre dentro de ti. Es como querer pintar un paisaje con un solo creyón.
No es culpa tuya. A ti te enseñaron los ríos de Venezuela y la tabla del siete. Nadie te sentó a explicarte la diferencia entre decepción y tristeza. Pero ya eres adulto y esa materia pendiente te está costando caro.
Por qué importa tanto el nombre
Cuando no sabes qué sientes, solo sabes que estás incómodo. Y una incomodidad sin nombre se maneja a ciegas: comes, compras, te metes en el teléfono, le respondes feo a alguien. Cualquier cosa que tape la sensación.
Cuando logras nombrarlo con precisión, cambia el panorama. “Estoy mal” no te dice qué hacer. “Me siento dejado de lado porque no me invitaron a esa reunión” te dice exactamente con quién hablar y sobre qué. El nombre correcto trae consigo una pista de la salida.
Hay algo más. Nombrar la emoción le baja intensidad. Lo habrás notado: el día que por fin dijiste “lo que tengo es miedo”, el miedo se hizo un poco más manejable. Lo que no tiene nombre parece más grande de lo que es.
Las confusiones más comunes
La rabia que tapa otra cosa. En mucha gente, sobre todo en hombres criados a la antigua, la rabia es la única emoción con permiso de salida. Entonces todo sale como rabia, sea miedo o sea tristeza. Si eres de mecha corta, pregúntate qué había un segundo antes de la molestia. Con frecuencia vas a conseguir un susto o una herida.
El estrés que es miedo. “Estoy estresado por la presentación” suele querer decir “tengo miedo de quedar mal”. Decirlo así asusta más, pero te permite prepararte para lo que de verdad te preocupa.
El cansancio que es tristeza. Hay un agotamiento que no se quita durmiendo. Cuando no tienes ganas de nada y el cuerpo te pesa, a veces lo que hay es una pérdida que no has llorado.
La ansiedad que es entusiasmo. En el cuerpo se parecen muchísimo: corazón acelerado y manos sudadas. Antes de una competencia o de una cita, prueba a decirte “estoy emocionado” en vez de “estoy nervioso”. El cuerpo es el mismo y la película cambia.
Un método de tres pasos que sí son tres
Primero el cuerpo. Antes de buscar la palabra, busca la sensación. ¿Dónde lo sientes? ¿Pecho, garganta, estómago, espalda? ¿Aprieta, quema, pesa, vibra? El cuerpo no sabe mentir y te orienta.
Después la familia. Pregúntate a cuál de estas se parece más: alegría, tristeza, rabia, miedo, asco, vergüenza. Con ubicar la familia ya avanzaste un mundo.
Por último el apellido. Dentro de la familia, afina. Si es rabia: ¿es frustración, indignación, celos, impotencia? Si es tristeza: ¿es nostalgia, decepción, soledad, desánimo? Si es miedo: ¿es preocupación, inseguridad, pánico, desconfianza? Busca en internet una “rueda de las emociones” y tenla a mano las primeras semanas. No hay que sabérselo de memoria.
La práctica de los dos minutos
Dos veces al día, con alarma si hace falta, detente y completa esta frase: “Ahora mismo siento ___ porque ___”. Escríbela en las notas del teléfono.
Los primeros días vas a poner “normal” o “nada”. Insiste. Siempre hay algo, aunque sea suave. A las dos semanas vas a notar que empiezas a pescar las emociones más temprano, cuando todavía son pequeñas y fáciles de atender. Esa es toda la ventaja: pelear con un cachorro en vez de con un perro adulto.
Un efecto secundario que vas a agradecer
Cuando aprendes a leerte a ti, empiezas a leer mejor a los demás. Vas a notar la frustración detrás de la “malcriadez” de tu hija y el susto detrás de la antipatía de tu compañero frente a los cambios. Y tus conversaciones van a cambiar, porque le vas a responder a lo que de verdad le pasa a la gente.
Empieza hoy. Ahora mismo, ¿qué sientes? Y no me digas “bien”.
En las redes de Caracas Coaching publicamos con frecuencia ejercicios cortos como este para ir ampliando el vocabulario emocional. Si quieres seguir practicando, por allá te esperamos.